Un bebé es impredecible, por lo que retratarlos puede convertirse en algo muy difícil. Pero también son muy curiosos, y ésa es la mejor arma que podemos usar: captar su atención.
Es útil tener un ayudante, conocido por el bebé (padre, madre, hermanos…), que se sitúe detrás del fotógrafo y que haga todas las monerías necesarias para que el bebé mire hacia el objetivo y sonría.
Tenemos que asegurarnos de que no se distraiga con otra cosa. Por ello es importante situarlo en un espacio no muy amplio y de un solo color: un sofá, una manta, la cuna… El fondo debe ser simple: lo importante es el bebé.